Guion-Radio “Ecos del abismo”
Pato:
Bienvenidos a Ecos del Abismo. Esta noche, las sombras se alargan en cada rincón y las historias más aterradoras toman vida. Acompáñenme en un viaje a lo desconocido.
En el programa de hoy les contaremos historias macabras que rondan por los oídos de nuestros juarenses.
Pero, primeramente…
¿Cómo te encuentras el día de hoy, Eli?
Eli:
Hola, ¿qué tal a nuestros radioescuchas? ¿Cómo están pasando esta noche macabra?
Nosotros ya estamos listos para escuchar las historias del día de hoy.
Y me gustaría, querida compañero, comenzar contándote la primera historia de esta noche.
🎙️ Historia anónima – “Los túneles del centro”
(Eli):
Esto no es una historia… es un recuerdo horrible. Pero bueno, ¿qué parte de mi vida en ese momento no lo era?
Nací en la colonia Aztecas en el año 1955. Nunca supe quiénes eran mis padres. Crecí con una señora que decían que era mi tía, pero conforme fui creciendo, la gente me decía que no era mi familia, que me habían dejado con ellos… regalado.
No me trataban como a un hijo. Tenía que limpiar todo y salir a vender dulces, chicles, lo que fuera. Cuando cumplí 15 años, me mandaron a trabajar al centro… y ahí empezó todo.
El bendito centro de Juárez.
Recuerdo que ese día llegué y vi todo ese movimiento de gente. Supe que ese era mi lugar. Caminé por la calle Juárez, la Mariscal, la catedral, el jardín, el monumento… hasta las calles de la Chaveña.
Se me hizo tarde… y ya no alcancé ruta para regresar a las Aztecas.
Esa noche dormí en un estacionamiento, con cartones y periódicos.
Y no… ya no volví a casa.
Ni ese día… ni ningún otro.
Nadie me buscó.
Al día siguiente intenté conseguir trabajo. Nadie quiso darme. Incluso llegué a ofrecer trabajar solo por un lugar donde dormir… pero desconfiaban de mí.
Cuando el sol empezó a caer, el centro cambió. Se volvió gris… triste.
Pero solo por unos minutos.
Después… todo se iluminó.
Luces de neón, bares, cantinas… salones de baile.
La noche apenas comenzaba.
Yo solo imaginaba cómo sería entrar a uno de esos lugares.
Pero esa noche tampoco tenía dónde dormir.
Y fue ahí… cuando los vi.
Una muchacha y un muchacho, de mi edad, riendo… jugando. Pasaron junto a mí sin verme. Luego se detuvieron… uno de cada lado.
Pensé que me iban a asaltar.
Pero no.
—¿Para dónde vas? —me preguntó el chico.
—No sé… busco dónde pasar la noche.
—¿También andas en la calle? —dijo la muchacha.
Les conté que era mi segunda noche.
Ellos solo se miraron… y se fueron corriendo.
No tenía esperanza… pero al doblar la esquina… los vi otra vez.
Me estaban esperando.
Así conocí a María y Andrés.
Tenían 16 y 15 años. También habían escapado de sus casas.
Esa noche comimos tacos… bueno, si se le puede llamar “comer”.
Pedimos… y luego corrimos.
Me sentí mal… pero también feliz.
Por primera vez… no estaba solo.
Me llevaron a un edificio abandonado. Tenían una entrada secreta. Ahí dormían.
Había cajas, sábanas… era mejor que la calle.
Al día siguiente me enseñaron a sobrevivir.
A reconocer clientes.
A no confiar en cualquiera.
A cobrar por adelantado.
A nunca ir a casas.
Y al cuarto día… fue mi turno.
No sentí nada.
Era como… venderse por unos billetes.
Así pasaron los días… y las noches.
Hasta que una madrugada… escuchamos gritos.
Venían de un lugar extraño, como un laberinto de locales cerrados.
Entramos.
Y ahí los vimos.
Personas con túnicas… velas…
y una escalera que bajaba.
De ahí salió alguien… ensangrentado.
Nos vieron.
Y corrimos.
⸻
🎙️ Eli:
Wow… con esta historia cada vez se pone más interesante la cosa.
¿Gustas seguir con la historia de hoy?
🎙️ Pato:
Está muy fuerte esta trama… me interesa saber qué es lo que sigue ahora.
Continuaré leyendo, si me permites, querido Pato…
⸻
🎙️ Voz 2 (Pato):
Después de eso, Andrés nos dijo algo que nunca olvidaré:
—También cuídense de la gente de los túneles.
¿Túneles?
—Debajo del centro —dijo María—. Ahí meten personas… y quién sabe qué les hacen.
Desde ese día… todo cambió.
Pasaron meses.
Hasta que una noche… un carro se detuvo.
Un hombre con una cicatriz en la cara.
Se llevó a Andrés.
No lo volvimos a ver.
Fuimos con la policía…
pero nos ignoraron.
Ahí entendí… que estábamos solos.
Recordé los túneles.
Y fui.
Entré a un edificio abandonado… bajé… y ahí estaban.
Los túneles.
Oscuros. Silenciosos.
Como si nadie se atreviera a entrar.
Caminé sin saber si saldría.
Escuchaba mis pasos… y algo más.
Hasta que los vi.
Eran como 15 personas.
Y más adelante
Una sala enorme.
Velas… símbolos…
personas encadenadas.
Y alguien dijo:
—Es hora del ritual.
No pensé.
Solo corrí.
Escuché gritos… horribles…
gritos que jamás olvidaré.
Logré salir.
Fui por María…
Pero ya no estaba.
Nunca la volví a ver.
Nunca volví a ver a Andrés.
Con el tiempo… una familia me ayudó.
Me dio hogar… comida… educación.
Pero nunca dejé de buscarlos.
Nunca aparecieron.
Hoy tengo familia… nietos…
pero cada vez que los veo…
pienso en María y Andrés.
Y en cómo me hubiera gustado verlos así… felices.
Pero hay algo que nunca cambió El centro.
Porque el centro de Juárez… tiene secretos.
Secretos muy oscuros.
Y allá abajo… en los túneles…
debajo de la catedral…
hay algo malo.
Muy malo.
🎙️Eli:
Y así… llegamos al final de esta noche.
Gracias por acompañarnos en Ecos de abismo, donde las historias no siempre terminan… cuando se dejan de contar.
Recuerda… en Ciudad Juárez, hay cosas que caminan en la oscuridad… y otras… que te siguen hasta casa.
Si escuchas algo cuando apagues la radio…
tal vez… no estés tan solo como crees.
Buenas noches… y no olvides mirar detrás de ti.
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